






Cuando el Gral José de San Martín partió de Mendoza para cruzar los Andes, su hija Mercedes tenía cuatro meses y recién se volvieron a ver en 1818 después del triunfo de Chacabuco.
Debido a la enfermedad de su esposa Remedios, su hija, la niña Mercedes fue criada y educada por sus abuelos, lo que derivó en una niña caprichosa y maleducada.
En 1824 se embarcaron juntos a Europa y una vez en Francia, el General San Martín se ocupó de reeducarla, y entre otras cosas escribió estas Máximas en el año 1825:
MÁXIMAS PARA MI HIJA
1. Humanizar el carácter y hacerlo sensible aun con los insectos que no perjudican. Stern ha dicho a una mosca abriéndole la ventana para que saliese: “Anda, pobre animal, el mundo es demasiado grande para nosotros dos”.
2. Inspirarle amor a la verdad y odio a la mentira.
3. Inspirarla a una gran confianza y amistad pero uniendo el respeto.
4. Estimular en mercedes la caridad con los pobres.
5. Respeto sobre la propiedad ajena.
6. Acostumbrarla a guardar un secreto.
7. Inspirarle sentimientos de indulgencia hacia todas las religiones.
8. Dulzura con los criados, pobres y viejos.
9. Que hable poco y lo preciso.
10. Acostumbrarla a estar formal en la mesa.
11. Amor al aseo y desprecio al lujo.
12. Inspirarle amor por la Patria y por la Libertad.
Fue en una de sus excursiones por las librerías de viejo en la calle de Donceles, donde Alejandro Papaqui vio una pila de ejemplares del Diccionario de sinónimos de Roque Barcia. Cogió uno de los menos estropeados. Al hojearlo supo que era lectura imprescindible. Se trataba de una obra de principios del siglo anterior, puesta al día casi a finales del mismo.
Pese al interés suscitado no lo leyó de inmediato. Por un tiempo el ancho lomo negro con letras rojas lució en uno de los entrepaños de su biblioteca, junto a otros libros pendientes de leer. Al cabo de unos meses le llegó su turno. Página tras página quedó sorprendido con tantas palabras que hasta entonces, de manera errónea, había usado indistintamente: anegar por inundar, alcanzar por dar alcance, recapacitar por reflexionar, etc.
Decidido a no cometer más equivocaciones se volvió cauto en el empleo del léxico: antes de pronunciar una palabra se remitía mentalmente al Diccionario de Sinónimos. Desde luego, no era fácil memorizar más de mil de ellos, así que no pocas veces tardaba en insertar los vocablos correctos en los enunciados, de modo que parecía indeciso en las conversaciones y aun en sus soliloquios.
Tan ensimismado andaba en su afán perfeccionista del idioma que de continuo le acontecían accidentes: una vez cayó en un hoyo al bajar de la banqueta, imprevisto que no le impidió reflexionar si se trataba de un hoyo o de un agujero; en otra ocasión se golpeó la frente en un toldo; y en una tercera estuvo a punto de ser arrollado por un camión. Un día, sin embargo, cayó al río. No sabía nadar. Por un momento consiguió mantenerse a flote, manoteando. Iba a pedir ayuda; pero titubeó respecto a la palabra a gritar: ¿auxilio o socorro?. «El objeto que recibe auxilio tiene cierto contingente de fuerza –recordó puntualmente la exposición del tratadista–, puesto que el auxilio no consiste sino en aumentar aquel contingente. El objeto que recibe socorro no tiene nada, puesto que se halla desamparado... Decimos, pues, con seguridad, que se auxilia al débil. Se socorre al desvalido». En posesión de la palabra correcta, pero ya en el fondo del río, Alejandro Papaqui sólo alcanzó a emitir un: «¡Glu-glu-glu!...».
El 20/5 fuimos en representación del colegio al festejo por el Bicentenario en el Parque Saavedra. Les mostramos algunas fotos que sacamos en el lugar. Fué un festejo muy lindo donde se realizó una muestra de los trabajos de los chicos y además hubo números de baile y canto.
Contamos con la concurrencia de vecinos y los padres de los chicos y al final del festejo se soltaron globos que contenían un mensaje en su interior.

Te recomendamos visitar los siguientes links de youtube si querés saber más acerca de la antigua Biblioteca de Alejandría:
http://www.youtube.com/watch?v=ZeyRLKT1220
http://www.youtube.com/watch?v=KyBNPm7HHIM&feature=channel
http://www.youtube.com/watch?v=YY9BE9Snn1Y&feature=channel
http://www.youtube.com/watch?v=VIcw6O4JDXI&feature=channel
Allí encontrarás información adicional sobre Alejandro Magno, Ptolomeo I y su hijo, que contribuyeron a la idea, la construcción y la forma de la gran Biblioteca de Alejandría.
En el año 1.987 se inició el proyecto para construiarla, promovido por la UNESCO con la colaboración de otros países, más el Gobierno de Egipto.
Fue inaugurada el 16 de Octubre de 2.002.
La actual Biblioteca está situada en la Corniche de la ciudad de Alejandría, a pocos metros del lugar, dónde se supone, que se encontraba la Antigua.

Hoy escribo por última vez en el blog con la firme ilusión que continúe pronto. Me llevo hermosas experiencias vividas con los chicos, con los docentes y el acompañamiento de las familias.AMOR EN LA BIBLIOTECA
Cuentan que cuentan que había
una vez una princesa
que vivía en un estante
de una vieja biblioteca.
Su casa era un cuento de hadas,
que casi nadie leía,
que estaba entre un diccionario
y un libro de poesías.
Solamente algunos chicos
acariciaban sus páginas
y visitaban a veces
su palacio de palabras.
Desde la torre más alta,
suspiraba la princesa.
Lágrimas de tinta negra
deletreaban su tristeza.
Es que ella estaba aburrida
de vivir la misma historia
que de tanto repetir
se sabía de memoria:
la bruja que la hechizaba
por envidiar su belleza
y el príncipe rescatándola
y casándose con ella.
Cuentan que cuentan que un día
justo en el último estante
alguien encontró otro libro
que no había visto antes.
Al abrir con suavidad
sus hojas amarillentas
salió un capitán pirata
que estaba en esa novela.
Asomada entre las páginas
la princesa lo miraba.
Él dibujó una sonrisa
sólo para saludarla.
Y tarareó la canción
que el mar le canta a la luna
y le regaló un collar
hecho de algas y espuma.
Sentado sobre un renglón.
el pirata, cada noche,
la esperaba en una esquina
del capítulo catorce.
Ella subía en silencio
una escalera de sílabas
para encontrar al pirata
en la última repisa.
Y se quedaban muy juntos
hasta que salía el sol,
oyendo el murmullo tibio
del mar, en un caracol.
Cuentan que cuentan que en mayo
los dos se fueron un día
y dejaron en sus libros
varias páginas vacías.
Muchos otros personajes
ofendidos protestaban:
–Las princesas de los cuentos
no se van con los piratas.
Pero ellos ya estaban lejos,
muy lejos, en alta mar
y escribían otra historia
conjugando el verbo amar.
El pirata y la princesa
aferrada al brazo de él
navegan por siete mares
en un barco de papel.
Autora: Liliana Cinetto
Publicado con su autorización.
De “Veinte poesías de amor y
un cuento desesperado”
Editorial. Atlántida
¡GRACIAS A TODOS!
Marta